miércoles, 2 de diciembre de 2009

Idiotez insostenible

El aborregador profesional que tenemos al frente del gobierno español, defiende a capa y espada su “ley de economía sostenible” http://estaticos.elmundo.es/documentos/2009/12/2/sostenible.pdf.
Uno puede preguntarse como es posible que individuos tan ignorantes campen por sus respetos gobernando un país como España, pero cuando hacemos esta reflexión nos equivocamos. Si, porque el ignorante capaz de sostener que se puede hacer una “ley de economía sostenible” no es el presidente, son los parroquianos a los que va dirigida toda esta propaganda estulta, utilizando nombrecitos que suenan muy “eco progres”, y que la gente encaja sin pestañear.

El aborregador sabe que sus palabras huecas dejan boquiabiertos a sus ignorantes seguidores, y conoce a la perfección los mecanismos de aburrimiento y cansancio de los mismos, sabe que no es significativo el número de ciudadanos que va a analizar en profundidad las tonterías y patochadas que se aprueban a la sombra de esta mediática ley.

El aborregador sabe perfectamente que la mayoría de los votantes (votos, que no voces) no se enteraran que en esta ley hay mas parches para que los bancos no sufran el colapso inmobiliario (flexibiliza el régimen de valoraciones de la Ley del Suelo de 2007) que las políticas del pelotazo entre amigos y vecinos del sistema político ha permitido, y que además, todo el dinero que eso supone, saldrá como siempre del sacrificio de esos mismos votantes, ya que cuando el flujo natural de un mercado se altera, las consecuencias las paga el eslabón mas débil de la cadena.

Gracias a esta ley, los bancos podrán mantener hasta el año 2013 las actuales valoraciones inmobiliarias, en contra de un mercado que de forma natural debería caer a plomo, maquillando así sus cuentas, y engañando una vez mas al respetable, dando una apariencia de recuperación, cuando la realidad está "corrompiéndose debajo de la alfombra".

Estamos pues ante una ley que es un insulto a la inteligencia, un insulto a la decencia, y una patada entre las piernas de la buena gestión, si entendemos por buena gestión aquella que redunda favorablemente en la vida de los ciudadanos.

Y esto es solo una parte, importantísima si, pero solo una pequeña parte de una colección de sandeces intervencionistas contra natura que se hace ley, en un país que se hunde lentamente, donde el desempleo aumenta cada día, y donde la gente no ha entendido aún su papel como ciudadano, ni el papel que hay que exigirle a los políticos en el caso de no haber decidido prescindir de ellos, medida que sin duda sería un gran alivio para nuestras espaldas.

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